Estuvimos presentes en el 30° Congreso de Aapresid, que se realizó esta semana, donde los líderes de la siembra directa, sistema que logró ser un éxito en la agricultura argentina, destacaron la importancia de fortalecer un modelo que da respuestas a las demandas de sostenibilidad.

Martín Rainaudo, gerente de Prospectiva de Aapresid; David Roggero, presidente de Aapresid, y Marcelo Torres, vicepresidente de Aapresid

ROSARIO.- La necesidad de alinear intereses públicos y privados para impulsar una forma de producción sostenible en el que el país es líder así como estar abiertos al conocimiento para mantener en el tiempo este modelo fueron dos de las conclusiones que dejó el 30° Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) que concluyó ayer. En una entrevista con LA NACION, David Roggero, presidente de Aapresid; Marcelo Torres, vicepresidente, y Martín Rainaudo, gerente de Prospectiva de la entidad, profundizaron estos conceptos que representan un desafío para los próximos años.

¿Por qué “A suelo abierto”, por qué hacen hincapié en este lema?

Roggero: Como Aapresid venimos trabajando desde el día cero en esto. “A suelo abierto” es para llamar la atención y que más de uno se pregunte “¿qué pasó con Aapresid?” y quizás esté pensando en cambiar de dirección. Y es totalmente lo contrario: estamos cada vez más convencidos que el camino es el de la no labranza. El lema “A suelo abierto” es para conocer el suelo y comprenderlo en todas las interacciones física, químicas y biológicas. De estas últimas todavía faltan mucho para entender.

Quienes piensan en cambiar, ¿lo hacen por el avance de las malezas y dicen “bueno, roturemos”?

Roggero: Va a ser exitoso lo vemos como sistema, y no como una cosa estanca. Lo que pregona Aapresid es el sistema de siembra directa que tiene como punto número uno la no labranza, pero con eso solo no logramos ser exitosos. Añadido viene la rotación de cultivos no solo en cantidad, si no también en calidad y en lo posible a lo largo de todo el año. Tenemos que estar con cultivos y raíces vivas a lo largo del año. El otro concepto es el tema de la nutrición. Tenemos que ser conscientes también que para que sea exitoso el planteo, tenemos que contemplar que el suelo actúa como una especie de caja de ahorro, que hay ciertas cosas que hoy en día podemos estar en condiciones de reemplazar. Por ejemplo, lo que hace a nitrógeno, se puede reemplazar a través de otro vegetal, pero va a haber minerales que todavía habrá que seguir reponiéndolos, porque nos los llevamos en granos, carnes o fibras. Ese es el otro concepto que hay que respetar para que el sistema sea exitoso. Asociado a esto, es que siempre aparece la problemática de plagas y enfermedades. Bueno, ahí lo que proponemos es el control integrado de plagas. Arranca en el diagnóstico, porque hay que identificar la problemática y ver si hay herramientas para controlarla y hacerlo en el momento indicado y con el producto y la cantidad indicadas. Ese es el problema por el que mucha gente ha vuelto a la labranza, porque se ha encontrado con problemáticas asociadas y por pensar que la solución estaba solamente en tener una máquina para sembrar sin labrar el suelo. Quizás por estos otros factores vamos a empezar a depender muchísimo menos de productos fitosanitarios. Al depender de menos productos fitosanitarios, lo que vamos a hacer es atenuar la velocidad de selección. Volver a la labranza, muchas veces está asociado a no entender que esto es un sistema, que hay que entenderlo como tal y que inclusive tiene la particularidad de tener que hacerse en un determinado tiempo que excede a una campaña agrícola.

Marcelo Torres: Los sistemas de siembra directa, basados en siembra directa, rotación de cultivos y cultivos de servicio requieren una mirada de mediano y largo plazo. Todo eso mejora la salud química, física y biológica del suelo. Atravesado por una coyuntura argentina en la que estamos acostumbrados a tomar soluciones de corto plazo. Entonces, la labranza es una aparente solución de corto plazo, pero vamos deteriorando el suelo. Es un poco el espejo de lo que nos pasa con las políticas nacionales. Hay soluciones de corto plazo, una atrás de la otra, y en realidad la condición general va empeorando. Lo mismo pasa con el sistema productivo del suelo. Necesitamos políticas claras, previsibilidad y una mirada a largo plazo para poder construir estos sistemas basados en siembra directa, con intensificación sustentable, con cultivos de cosecha y de servicio y vivos la mayor cantidad de tiempo.

Se habla mucho de que esto también hoy en día forma parte de una adaptación al cambio climático.

Torres: En realidad, la Argentina y la región tienen una enorme ventaja competitiva para producir bienes y servicios, fibra, alimentos y energía con baja huella ambiental. Basado en siembra directa, en rotación de cultivos y en intensificación sustentable. Lo que nosotros tenemos que lograr es llegar al consumidor y que perciba también valor en consumir alimentos que tienen, por ejemplo, baja huella de carbono. En ese indicador, el productor y el consumidor están aunando miradas para cuidar el planeta. Así, la agricultura y la ganadería pasan a ser parte de la solución de la mitigación del cambio climático.

En el 30°Congreso de Aapresid se apuntó a la necesidad de fortalecer el modelo que transformó a la agricultura argentina

Ustedes hacen hincapié en los cultivos de servicio. Según estudios de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires todavía es baja. ¿Qué creen que falta para que crezca, es una cuestión económica o de conocimiento?

Roggero: Es algo relativamente nuevo. No hace mucho que se empezó a difundir, entre cinco y ocho años. Esa mirada holística del sistema, hay que ver cómo hacemos para adecuarla. Sabemos que el concepto de intensificar las rotaciones es válido. Es usar materiales vegetales distintos, en lo posible que estén durante todo el año. ¿Por qué no lo podemos llegar a hacer? Podemos no tener el agua suficiente para hacer que los tengamos todo el año. Antes creíamos que el espacio que nosotros denominamos barbecho, que era que entre un cultivo de verano y otro era bueno, significaba que estuviera lo más tranquilo y limpio el suelo. En realidad, lo que estábamos obligando es a consumirse sus propias energías para volver a comenzar en el ciclo. Entonces quizás lo que le está faltando a muchos productores es entender y adaptar esa intensificación a su realidad. No es copiar y pegar.

Torres: Ahí toma la importancia del rol de productor. En Aapresid tenemos 30 regionales en todo el país. No es lo mismo el sudoeste bonaerense, que la zona núcleo, o el NOA.

Rainaudo: Pensaba en el concepto del barbecho que era algo que uno tenía incorporado, le gustaba ver un lote limpio en el invierno. Y básicamente teniendo el agua a dos milímetros del suelo es como colocar los pesos en una caja de ahorro. Ese milímetro en el barbecho es una muy mala moneda de ahorro, en el sentido que uno puede transformar esos milímetros en biomasa con un cultivo de servicio y aprovechar todos los beneficios que eso trae en cuanto a una mejor estructura en el suelo o a aspectos nutricionales, en el caso de incorporar leguminosas o en competencia de malezas. Eso está muy estudiado: cuándo sembrarlos, cuándo secarlos o con qué agua disponible me encuentro yo para los cultivos posteriores. Incluso para la mejor capacidad de retención de agua, así como evitar que esa agua se escurra en el lote por tener buena cobertura. Te podés encontrar con más cantidad de agua a la siembra de un cultivo de verano, saliendo de un cultivo de servicio. Es cuestión de ir probando, a pequeña escala obviamente. Hacerlo uno, sentirlo, eso creo que está bueno, más allá de que puedan leer ensayos. El hecho de hacerlo uno mismo, permite darse cuenta y convencerse de un montón de cosas en el proceso de incorporar una tecnología.

¿Cuáles serían las tres claves de lo que faltaría hacer para que estos sistemas de siembra directa escalen y desarrollen todo su potencial?

Roggero: Lo primero es el acceso al conocimiento. El sistema de siembra directa no es solamente no remover el suelo. Eso se genera con conocimiento, hay que entender y hay que comprender y hay que ver cómo adaptamos esas características del sistema de siembra directa a la realidad de cada productor. La segunda es que las reglas de juego te permitan abordar esa problemática. Los seres humanos de alguna manera siempre intentamos simplificar y acá estamos ante una cosa que es muy compleja, que es manejar un ecosistema. Un ecosistema, cuanto más diverso sea, más estable va a ser en el tiempo.

Torres: Como país tenemos que convencernos de que queremos sostener sistemas productivos con bajo impacto ambiental y con base científica y tener eso como un proyecto común, donde estén los decisores políticos alineados con las universidades y los institutos de ciencia. Hay que alinear todas esas variables.

El avance de las agtech

“Cada vez se hace más fácil porque las plataformas empiezan a hablar entre sí”, dijo Torres, vicepresidente de Aapresid sobre la incorporación de la agricultura digital y las AgTech en los sistemas de siembra directa. “Antes uno tenía un montón de plataformas y tenía que gestionar cosas en distintos lugares, que no se conectaban entre sí. Hoy la tecnología está avanzando”, añadió.

“Lo primero es digitalizar los campos. Después de ahí hay distintos protocolos. Por ejemplo, podés ir a alguna plataforma que tiene una genética de maíz estudiada y analizada en distintas regiones del país con fechas tempranas, tardías y baja densidad y se puede ver, según tu zona, el protocolo para aplicar esa genética en tu campo. Se empiezan a hablar las plataformas entre sí empiezan, a conectarse. Se está haciendo más fácil y está creciendo mucho”, destacó.

Leer articulo original en: La siembra directa se reinventa y apunta a sostenerse a largo plazo – LA NACION

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